La chica de cristal


EL NIÑO DE VIDRIO
Elisa Pilia

En La chica de cristal se alternan dos narraciones construidas en dos líneas temporales diferentes. Ambas tienen la voz de Étienne que, ahora con los ojos inocentes de un niño de doce años y ahora con el corazón apesadumbrado de un joven de veintiséis, relata la invasión nazi de Francia en el verano de 1940 y el viaje, emprendido catorce años después, para encontrar a un amigo desaparecido en el caos de la guerra. En ese caos que tiene el hedor de las casas quemadas y el sonido de fusiles y tanques en las calles, Étienne conoce a una niña a la que le faltan las palabras. Aili es judía, ya no tiene familia y sufre afasia. Obligada al silencio, ha encontrado nuevas formas de comunicarse. Étienne aprende de ella que con las sombras de cristal se pueden contar historias sin voz. Algún tiempo después, en 1954, la carta dejada por un soldado alemán que había arriesgado su vida para ayudar a los dos chicos reabre un cajón de la memoria que en realidad nunca se había cerrado. Desencadena en Étienne el impulso de una búsqueda que se había prometido no emprender. Es el comienzo de una investigación llena de sorpresas, descubrimientos y revelaciones en la que se entrecruzan los hilos de misteriosos vínculos entre Aili y el generoso soldado, y en la que volverán a ser las sombras de las vidrieras las que den sentido a un pasado que parecía sólo olvidado.